No todas necesitan corregirse, pues su tamaño depende de la proporción con el rostro.

Insultos, burlas, apodos, exclusión social y, en general, matoneo es lo que padecen muchos niños por el tamaño de sus orejas. Parece una exageración, pero no lo es. De hecho, en el 2014 la Corte Constitucional falló a favor de practicarle una cirugía a un menor de 14 años, víctima de constantes agresiones en su colegio por esta causa.

En términos médicos, las orejas que se perciben muy grandes o separadas son “orejas en pantalla”, pero pueden existir deformidades que también son un problema, asegura el pediatra Vladimir Muñoz, de la Universidad Nacional. Según Muñoz, pese a que se ofrecen tratamientos no invasivos para tratar estas alteraciones, como cintas adhesivas, pegamentos y pinzas que se disimulan con el pelo, el procedimiento más adecuado es la cirugía.

Otoplastia es la cirugía que corrige estos problemas, y según las estadísticas de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica Facial y Rinología (SCCPFR) es uno de los procedimientos más comunes junto con los de la nariz.

Proporción

El cirujano plástico facial y otorrinolaringólogo Paulo Escobar afirma que es importante tener en cuenta que el tamaño de las orejas está en proporción con el resto de la cara, y que cada persona tiene un tamaño diferente en sus orejas, sin que existan unas medidas estándar para ellas.

Es decir, “unas orejas pueden parecer grandes, pero si guardan relación adecuada con el tamaño de la cabeza, no necesitan corregirse”, dice. La separación de ellas con respecto a la cabeza viene determinada por medidas como la distancia entre los ojos, el tamaño de ellos y el ancho de la cara. “Todo es cuestión de proporciones y no de percepciones”, remata.

Matoneo

Si bien el tamaño de las orejas no acarrea alteraciones en la función del oído y obedece más a una condición estética, lo cierto, dice Escobar, es que las orejas en pantalla son un motivo de presión social y matoneo, principalmente, en niños y adolescentes. Esto es más notorio en la actualidad debido a la influencia de las redes sociales, a tal punto que Diana Cardona Sáenz, sicóloga clínica sistémica con maestría en Programación Neurolingüística, manifiesta que estos casos pueden derivar en inestabilidad emocional, tristeza profunda, llanto, inseguridad, timidez, inhibición social y hasta depresión con efecto triste sin presencia de llantos y regulación emocional no acorde con su edad.

Lo grave, dice la sicóloga, es que en muchos casos esto puede llevar a dificultades en el relacionamiento y socialización en unas edades en las que se reafirman los rasgos fundamentales de la personalidad.

En menores, pero…

Aunque existen controversias sobre los procedimientos estéticos en menores, en estos casos, afirma Escobar, la cirugía de corrección de las orejas se puede indicar desde edades tempranas, pero se prefiere esperar –al menos– hasta los 8 o 9 años para realizarla en las mejores condiciones.

La cirugía de corrección de las orejas se puede indicar desde edades tempranas, pero se prefiere esperar –al menos– hasta los 8 o 9 años para realizarla en las mejores condiciones.

Sin embargo, la sicóloga Cardona manifiesta que si bien decidir una cirugía de este tipo es una opción sencilla, el tema de fondo es el hecho de que los niños heredan un modelo de belleza muy limitado y, “peor aún, que se tiene poco respeto y tolerancia frente a la basta diversidad que implica la fisionomía humana”.

Varios tipos

Cuando se opta por una otoplastia o cirugía correctiva de orejas, Escobar afirma que al igual que un pintor o un escultor tiene en cuenta todas estas proporciones a la hora de pintar un retrato o esculpir un busto, “un buen cirujano plástico debe basarse en estos mismos parámetros para obtener un resultado natural y armónico”, dice el cirujano.

Según la SCCPFR, existen tres tipos principales de casos de orejas en pantalla y, por tanto, tres técnicas de intervención:

1. Cuando el pliegue que da la forma natural a la oreja no existe o está menos marcado de lo ideal. Eso, técnicamente, se conoce como pliegue del antihelix, y para conseguir que vuelva a su forma correcta se deben aplicar suturas en diferentes partes del cartílago de la oreja para poder reproducir o marcar el pliegue que no existe.

2. Cuando parte del cartílago que conforma la oreja es más grande o prominente de lo ideal, tanto que desplaza la posición de las orejas hacia afuera. Técnicamente, esta porción de cartílago se denomina concha auricular. Para corregir el problema es necesario cortar parte de ese cartílago redundante hasta lograr mover la oreja a una mejor posición.

3. Cuando se unen diferentes grados de los dos casos anteriores. Estos son los más difíciles y requieren más tiempo durante la cirugía pues el número de cambios por realizar es mayor.

En todos lo casos, los resultados dependen de realizar un buen diagnóstico, elegir la técnica correcta, cumplir con todos los requerimientos legales, elegir un profesional certificado y con experiencia e informar todos los detalles a los pacientes y sus familiares.

Tener un buen seguimiento posquirúrgico marca la diferencia. Si todo esto se cumple, la recuperación es rápida, normalmente, con pocas molestias

Por último, tener un buen seguimiento posquirúrgico marca la diferencia. Si todo esto se cumple, la recuperación es rápida, normalmente, con pocas molestias, lo cual permite reincorporarse a la vida escolar o laboral en pocos días.

En cuanto al resultado, dice Escobar, este puede variar según la dificultad del caso, la evolución y las expectativas del paciente. Se debe tener claro que incluso en las personas que no necesitan una otoplastia, siempre existen diferencias entre una y otra. “Lo más importante es conseguir una corrección que se perciba natural tanto en la posición como en la forma de las orejas”, remata Escobar.

Los costos

Cada caso es único, y para dar un valor es necesario consultar al especialista. El cirujano determina el tipo de caso, la dificultad y el tiempo quirúrgico necesario. Estos factores determinarán los costos finales. No sobra decir que en los casos en los que además de las alteraciones estéticas hay deformidades ligadas a otras enfermedades o compromisos funcionales, el sistema de salud cubre los gastos de esta cirugía luego de la decisión de los equipos de médicos tratantes.

Fuente: https://www.eltiempo.com/